LAS ARISTAS DEL FÚTBOL: entre el negocio y la pasión.

 

Por Sabrina Anabella Bzdyl

 

Que los intereses que mueven el fútbol a nivel mundial son, tal vez, aún más grandes que las multitudes de aficionados a este deporte ya es tema conocido. Pero la situación cambia de matices cuando son los derechos de  los chicos los que se encuentran en juego.

Las cifras son más que alarmantes, se estima que más de  10.000 chicos de entre 6 y 16 años llegaron a Italia, entre otros países de Europa, provenientes  en su mayoría de lugares pobres del tercer mundo tras el sueño de convertirse en estrella de fútbol.

Sin embargo, detrás de razones de ayuda humanitaria o intercambio cultural se esconde un negocio en el que un niño abandona su condición  de  tal para convertirse en una cifra millonaria, dejando al desnudo una realidad en la que se enmarca el flagelo del tráfico y la explotación de menores.

Todos estos chicos -con una característica común: ser una cara de  la pobreza – son entregados por sus padres a cambio de una compensación pecuniaria, trasladados al exterior y sometidos a una régimen de vida que dista muy poco de asemejarse a una forma de explotación, ya que deben cumplir con horarios estrictos y tareas previamente determinadas y organizadas.

Pero la promesa de triunfo y la ilusión de ganar millones de dólares se acaba apenas el menor no cubre las expectativas del club, y es en este momento donde el sueño de llegar a ser futbolista pone de resalto un aspecto más de esta problemática: el abandono, porque en el juego de esta transacción muy pocos son los que regresan a sus hogares, el resto de los niños quedan expuestos  a la mendicidad, a la calle (limpiando parabrisas o abriendo puertas de los autos), el trabajo rural, la prostitución y hasta su venta para posterior  tráfico de órganos. 

 

Pero estas no son las únicas piezas que conforman este negocio, las transferencias “legales” millonarias y el  reclutamiento de jugadores amateurs en el ámbito del fútbol nacional reflejan una realidad que en búsqueda de la satisfacción económica de los grandes empresarios desprotege a los menores y hace perder eficacia  a la Convención de los Derechos del Niño.

Porque no debemos olvidar que estos chicos  jugadores como menores son sujetos de derechos y los mismos deben ser respetados máxime la obligación asumida por los Estados al adherirse a la Convención.

En el primero de los casos –traslado ilícito en algunos supuestos y retención ilícita en otros- los niños se ven inmersos en un régimen de explotación que atenta contra su nivel de vida, bienestar físico, mental, espiritual y social, así como también quebranta sus relaciones familiares y personales.

En el segundo de los casos, pese a las diferentes denominaciones que se le de a la relación observamos netamente la formación de un contrato de trabajo con todas sus implicancias, a pesar de su prohibición, que desvanece el derecho a la educación, al esparcimiento y al descanso, a la salud y a su desarrollo favoreciendo el nacimiento, a mediano plazo, de una deficiencia psíquica y física, en pro de una explotación económica y en contra de una futura inserción laboral.

Sobre el punto en particular, recordemos que la OIT considera  a esta problemática social como una de las peores formas de explotación laboral o trabajo infantil.

 

Es así como la necesidad económica va marcando el destino de muchos chicos transformados hoy en presa fácil de un negocio que parece no reconocer límites y que amenaza con convertir a la Convención en una mera enumeración de principios.

 

Sin embargo, las problemáticas que presenta este negocio parecen no ser solamente las enunciadas precedentemente.

El fútbol enfrenta a los clubes con los padres de los jugadores juveniles – amateurs o aficionados-, el motivo: el uso de la patria potestad y el derecho de formación de las instituciones por lo invertido en la preparación del jugador.

Sobre el particular, la legislación vigente establece que los clubes están obligados a convertir en profesional a todo jugador que alcanza los 21 años o, aunque sea menor, que haya disputado más del 25 % de los partidos de una temporada en primera.

A pesar de esta directiva este trámite es adelantado por los dirigentes ante el miedo de perder de sus clubes a un posible semillero de dinero.

Pero la fama adquirida en los últimos tiempos por los juveniles comenzó a alterar los planes de los clubes. Los padres ejerciendo la patria potestad  y amparados por el Código Civil, sacan a su hijo del club donde venía jugando para llevarlo a una institución extranjera tentado por sumas de dinero más importantes que las ofrecidas por el club local.

Uno de los primeros casos que tuvo resonancia en el ambiente futbolístico fue el de los hermanos Cambiasso, que de Argentinos Juniors pasaron a jugar en el Real Madrid sin que el club argentino prestara conformidad, lo que hizo que la FIFA fijara una compensación económica a favor de Argentinos.

Otro de los casos que sirve de antecedente en la cuestión  fue el de Fabricio Coloccini quien tras no acepar un ofrecimiento de Boca pasó a jugar al Milan. Ambos clubes instados por la FIFA debieron fijar una indemnización, ya que previamente la justicia argentina había rechazado el pedido de no innovar solicitado por Boca (por la que se discutía el uso abusivo de la patria potestad) dado que sostuvo, según dictamen del asesor, que no existía relación laboral por lo que Coloccini no estaba obligado a permanecer en el club.

El tema de las transferencias internacionales llevó a la FIFA a modificar su reglamento en el año 2001, fijando condiciones estrictas  a fin de eliminar los abusos  que hasta el momento son expuestos los menores.

En consecuencia, no podrán transferirse menores de 18 años salvo que exista un cambio de residencia de la familia y la misma obedezca a razones personales y no lo sea en virtud de la transferencia del menor.

Establece, a su vez, la indemnización por los derechos de formación.

Sin embargo, esta legislación aún espera la reglamentación por parte de la AFA.

Vale mencionar que en el ámbito nacional existe un proyecto de ley en el cual se prevé los derechos de formación de los clubes de fútbol.

 

Pese a esta tendencia a hacer valer el derecho de los clubes correspondería actualizar las normas sobre patria potestad para evitar que la misma sea usada en forma abusiva favoreciendo el mercado negro de los jugadores de fútbol menores de edad que  no hace más que llevar a  la desprotección y el desconocimiento de los derechos de estos últimos.

 

 

 

Fuentes:

-          El Derecho, t. 196, p. 940

-          Clarín, Suplemento Deportivo, 06/01/2000 págs. 8 y sgtes. y 26/04/2000 págs. 3 y sgtes.

-          La Nación, Sección Deportiva, 11/02/2000 págs. 8 y sgtes.

-          Revista Mística de Olé, 22/01/2000 págs. 40 y sgtes.