CRONICA DE LOS ATENTADOS EN LONDRES

Por el Dr. Fernando Tallarico, Director Académico de Espacios Jurídicos.

Desde Londres, el mismo día de los atentados nuestro director académico, en estos momentos becario de la Unión Europea, realiza una detallada crónica de los acontecimientos sucedidos en la capital británica.

Nuevamente soy un lamentable testigo de un triste acontecimiento. Eran las nueve menos cinco de la mañana cuando después de esperar 10 minutos dentro de un vagón, una muy gentil voz (así son los británicos) invitó a los pasajeros a retirarse de la estación. Problemas eléctricos hacían imposible continuar el viaje. A priori no era un problema importante, la red de metro está tan extendida en la ciudad que era posible mediante ciertas combinaciones llegar al destino deseado. Momentos más tarde se nos dijo que todo el tendido subterráneo experimentaba desperfectos. La opción entonces fue utilizar el tren. El servicio, para mi sorpresa, también suspendido. El bus realmente no era una alternativa aconsejable dado que en hora pico el trayecto podría tornarse interminable.

Las oficinas en las que trabajo están situadas en el este de Londres. Una suerte de mega emprendimiento de impactantes edificios mezcla de Puerto Madero y el Bajo (De hecho la principal torre de Canary Wharf -así se llama el lugar- fue diseñada por Cesar Pelli.). Cada día habitantes de todos los barrios de Londres y alrededores se dirigen allí. No estaba solo en mi intento por llegar a destino. No hice más que seguir la horda de trajes y corbatas que en forma compacta se dirigía al mismo lugar. Fue entonces cuando después de largo caminar, llegamos al centro de la ciudad. Desde allí parte un monoriel que une la city con Canary Wharf. Obviamente, y pese a unas primeras informaciones que indicaban lo contrario, también se encontraba clausurado. Por esos momentos nadie se imaginaba lo que finalmente ocurrió aunque la sensación era bastante tensa.

Ya sumergido en pleno centro, vi que los buses tampoco se movían. Rapidamente la policía acordonaba zonas enteras sin dejar pasar a nadie al tiempo que se evacuaban los edificios del lugar. Las sirenas y el ruido de los helicopteros no hicieron más que confirmar lo que estaba sucediendo. Todos los canales transmitían en vivo y los bares de la zona abarrotados de gente intentando saber que ocurría. Sin quererlo ni esperarlo llegué a la puerta de la Estación de Liverpool St.

La reacción del sistema (por llamarlo de alguna forma) fue bastante eficiente. En cuestión de instances, la policía metropolitana, de transporte y los guardias urbanos (esos mismos que Ibarra intenta emular) se encontraban en distintos puntos del lugar. En cada esquina era posible ver varios de ellos tranquilizando a la gente, respondiendo preguntas y hasta indicando como llegar a determinados sitios (cada uno portaba su correspondiente Guía T). Sinceramente el operativo fue (y es) espectacular. Dudo que un ataque terrorista pueda prevenirse pero al menos gratifica que es posible restringir sus efectos al mínimo (si es que corresponde tal expresión).

Semanas atrás mi jefe asistió a un training titulado (palabras más palabras menos) "Cómo actuar ante catastrófes y ataques terroristas" Internamente me mofé de cómo era posible que se destinara tiempo y recursos para semejante actividad. Las consecuencias, al menos desde mi óptica, están a la vista. Hoy, era posible observar que en cada uno de los edificios, los propios trabajadores (desde directivos hasta asistentes) coordinaban la evacuación. Esa misma gente que en algún momento había sido entrenada a su vez para reaccionar ante este tipo de situaciones.

Más tarde y luego de media hora accedí a un teléfono público e hice las llamadas de rigor. Me senté en un bar y esperé sin saber que esperaraba. La lluvia tampoco estuvo ausente. Finalmente decidí regresar a mi depto. para seguir desde ahí los acontecimientos.

De momento no hay medios de transporte funcionando y tampoco se tiene exactitud de la magnitud de los ataques. Sólo una nueva muestra de la locura y el fanatismo más radical que golpea en estos días desde Londres a Irak, desde Madrid a Afganistán.