EL PROCESO DE INTEGRACIÓN EUROPEO ¿UN CAMINO HACIA LA PAZ?

Por la Dra. Elsa Álvarez. Profesora Adjunta de Derecho Internacional Público (UBA-UMSA)

“La batalla por la paz debe ser librada en dos frentes. El primer frente es el de la seguridad, en el cual vencer significa conquistar la libertad para vivir sin temor, y el segundo es el frente económico y social, en el cual la victoria significa conquistar libertad para vivir sin miseria. Sólo la victoria en ambos frentes puede asegurarle al mundo una paz verdadera” Edward R. Stettinius- 1945- Secretario de Estado de EEUU.

EL PROCESO DE INTEGRACIÓN EUROPEO

¿UN CAMINO HACIA LA PAZ?

I    De Amsterdam a la Constitución

1.1   Introducción

1.2   El tratado de Ámsterdam

1.3   La Agenda 2000

1.4   El Tratado de Niza

1.5   La Declaración de Laeken –La Constitución Europea

II   La economía y el proceso de integración

2.1 Las acciones bélicas y los factores económicos

2.2 La economía posguerra.

2.3 La cuestión en Europa- El nacimiento de las empresas multinacionales

III  La brecha entre ricos y pobres ¿Un camino hacia la paz?

3.1 Los países asociados

3.2 Loa convenios de Lomé – El acuerdo de Cotoñú   

VI.- Conclusiones

 

 

1.1      INTRODUCCIÓN

“Sabemos que, más allá de la opaca nube de nuestra ignorancia y de la incertidumbre de los resultados, las fuerzas históricas que han configurado el siglo siguen actuando. Vivimos en un mundo cautivo, desarraigado y transformado por el colosal proceso económico y técnico-científico del desarrollo del capitalismo que ha dominado los dos o tres siglos precedentes. Sabemos, o cuando menos resulta razonable suponer, que este proceso no se prolongará ad infinitum. El futuro no sólo no puede ser una prolongación del pasado, sino que hay síntomas externos e internos de que hemos alcanzado un punto de crisis histórica…Sin embargo, una cosa está clara: si la humanidad ha de tener un futuro, no será prolongando el pasado o el presente.”  Eric Hobsbawm [1]

En la primer parte de nuestro trabajo nos hemos abocado al análisis histórico del marco legal e institucional del proceso de integración europeo, partiendo de la hipótesis de trabajo que la integración significaba un camino hacia la anhelada paz en el continente.

            Nuestro trabajo abarcó el proceso desde su génesis hasta la década de 1990. El marco normativo y por ende institucional de nuestro análisis, como consecuencia inevitable del dinamismo que es de la esencia de la unión europea, ha variado.

Así como en la primer parte nuestra hipótesis era que la integración europea constituyó un camino hacia la paz, en esta instancia partimos del interrogante si el proceso europeo de integración es un camino hacia la paz.

A fin de realizar nuestro análisis de modo más abarcativo y actual es nuestra intención concluir  el desarrollo histórico del proceso, lo que nos permitirá, a la luz de los nuevos acontecimientos, brindar una perspectiva más exacta del interrogante que ahora planteamos, que quizá no sea más que, por lo menos en parte, la afirmación opuesta a la posición sostenida como hipótesis en el análisis previo.

1.2  EL TRATADO DE AMSTERDAM

En 1997 el Consejo Europeo aprobó el Tratado de Ámsterdam  que, tras haber sido ratificado por todos los Estados miembros, según sus propias normas constitucionales,  entró en vigor el 1° de mayo de 1999.

            El objetivo del Tratado de Ámsterdam fue modificar ciertas disposiciones del Tratado de la Unión Europea, de los tratados constitutivos de las Comunidades Europeas  y de algunos actos relacionados con los mismos. No sustituyó a los tratados anteriores, sino que los complementó.

 Este Tratado recibió muchas críticas, en especial, porque que no contemplaba soluciones institucionales para una Europa ampliada

 Al no reforzar el poder de las instituciones comunitarias, ni cuestiones como la PESC o las referidas a Justicia y Asuntos Interiores, no avanzó hacia la unidad política.

 Tampoco  dio soluciones a lo que se denominó el "déficit democrático" de la Unión. Las negociaciones continuaron basándose en negociaciones entre los gobiernos y los estados, sin  participación popular, ni información suficiente y transparente, fundamentalmente porque el Tratado no potenció la labor del único órgano comunitario elegido por el pueblo: El Parlamento.

1.3           LA “AGENDA 2000”

En el mismo año que el Consejo aprueba el Tratado de Ámsterdam, la Comisión presentó en Bruselas la denominada “Agenda 2000”. Este documento recogía las perspectivas de evolución de la Unión Europea y de sus políticas en función del siglo XXI, también los problemas derivados de la ampliación y, finalmente, los aspectos  financieros que rodeaban este contexto.

Los principales problemas que tenía que enfrentar la Unión Europea hasta el año 2000 eran la Reforma de los Fondos Estructurales que quedarían centrados en tres objetivos: regiones por debajo del 75% de la renta media de la UE, regiones que se enfrentan con perentorias necesidades de reestructuración económica y social, y otro tipo de regiones no cubiertas en los dos objetivos anteriores y donde se debían modernizar sus sistemas de enseñanza, formación y empleo. El primer tipo se llevaba 2/3 del total presupuestado.

 Los Fondos de Cohesión se mantuvieron de forma similar, centrándose en los estados cuyo PNB per cápita era menor. El gran problema que quedó planteado  fue la reforma de estos fondos con miras al futuro ingreso de los países del centro y este de Europa, bastante menos desarrollados que los que se beneficiaban de los fondos.

Además era necesario plantear la reforma de la  PAC, que seguía absorbiendo un enorme porcentaje del total del presupuesto comunitario. Esta reforma se encontró con la oposición cerrada de los campesinos beneficiados.

 La financiación del presupuesto comunitario constituía otra cuestión problemática. Ciertos países, tal el caso de Alemania, mostraban su disconformidad por la desproporción entre lo que aportaban a la Comunidad - alrededor del 28,2% del total - y lo que recibían por Fondos Estructurales y PAC - aproximadamente el 12,8% del total de las transferencias-. Evidentemente, los países menos ricos no aceptaban la propuesta de una modificación y readaptación de los aportes.

En la Agenda 2000 debía contemplarse que en el año 2002, con la entrada del euro, entre algunos países de la comunidad se concretaría la Unión Monetaria y Económica.

La caída del muro de Berlín en 1989, con la aparición de nuevos estados y la guerra de Yugoeslavia tuvieron una enorme incidencia en el proceso de integración europea. Los nuevos países desde un comienzo visualizaron su adhesión a la Comunidad   como el mejor medio para solucionar sus dos graves problemas: a) el advenimiento a sistemas democráticos y, b) la transición de un sistema comunista planificado a una economía de mercado, transición que debía darse en medio de una grave crisis económica.

Otro tema de importancia para los países del este  era el de la seguridad. Los nuevos gobiernos vieron a la OTAN, como la mejor garantía para su seguridad. Pese a las protestas y desconfianza de Rusia, en 1999, Hungría, Polonia y la República Checa pasaron a formar parte de esta asociación.

La ampliación a los países de la Europa central y oriental (PECO), Chipre, Malta y Turquía representaba para la Unión Europea una enorme oportunidad, aunque también algunos conflictos, en especial con relación al ingreso de Turquía. La adhesión de nuevos Estados miembros iba a incrementar el peso específico y la influencia de la Unión en la escena internacional. Sin embargo, los países de la Europa central y oriental, así como Chipre, Malta y Turquía, estaban inmersos en situaciones económicas y políticas que presentaban diferencias sustanciales, lo que significaba una tarea sin precedentes para la Unión Europea, puesto que el atraso y las dificultades económicas de los países que intentaban obtener la adhesión.,  repercutiría inevitablemente en los Fondos Estructurales y de Cohesión y en la PAC.

En 1989 la UE había aprobado un programa de ayuda financiera (PHARE), y, en 1991 se comenzaron a firmar los primeros acuerdos de asociación, denominados Acuerdos Europeos con los países que aspiraban ingresar a la Unión. La Agenda 2000 también estableció ayudas financieras, concretadas posteriormente en el Consejo Europeo de Berlín de 1999, en apoyo al proceso de preadhesión de los países candidatos..

La composición de la Comisión, el voto ponderado de cada país, los poderes del Parlamento estaban entre los grandes temas a debatir y sobre ellos existían posiciones muy encontradas entre los países miembros. A efectos de dirimir estas diferencias se convocó una Conferencia Intergubernamental (CIG) que  culminaría su labor  en una cumbre en Niza a fines del 2000.

1.4           EL TRATADO DE NIZA

La Conferencia Intergubernamental de los países miembros de la Unión tenía como principal desafío poner las bases de una Unión ampliada. A los doce países del este y el Mediterráneo que ya habían iniciado negociaciones - Chipre, la República Checa, Estonia, Hungría, Polonia, Eslovenia, Bulgaria, Letonia, Lituania, Malta, Rumania y Eslovaquia-, se añadiría Turquía. La candidatura de este país euroasiático y musulmán fue oficialmente admitida en el Consejo Europeo de Helsinki en diciembre de 1999, aunque las negociaciones quedarían postergadas hasta que se cumpliera con lo referido a la protección de minorías y respeto de los derechos humanos.

 Ante tal  perspectiva en la cumbre de Niza debía encontrarse solución a temas tales como el sistema de aprobación de las decisiones para evitar que, en la futura Unión de 27 o 28 miembros, quedasen bloqueadas cuestiones debido a la regla de la unanimidad. La Comisión propuso que el sistema de mayoría cualificada se convirtiera en la norma general.

 También era necesario la reducción del número de comisarios como la reponderación del voto de cada país. La ampliación y la necesidad de tener en cuenta el peso demográfico de los países, esencialmente el de Alemania, imponían esta reforma. Otro de los desafíos a afrontar era el de la Carta de Derechos Fundamentales de Unión Europea.

Arribar a un acuerdo sobre estos temas era una cuestión difícil y requería de una ardua tarea.  Alemania, sin lugar a dudas, intentaría obtener más votos en el Consejo de Ministros, pero Francia, pese a tener 59 millones de habitantes frente a los 82 de Alemania, no aceptaba romper el equilibrio de poder en el que se había sustentado la Unión desde sus orígenes. Algo similar pretendía Holanda son sus15 millones de habitantes frente a Bélgica que contaba con 10 millones.

La reducción del número de comisarios implicaba, que ciertos países se quedaran sin un comisario fijo en la Comisión. A su vez la Comisión intentaba reducir el poder del Consejo, suprimiendo el veto. Los Gobiernos nacionales, se negaban a perder su poder de veto en los asuntos importantes.

Se ha afirmado que,  en el arduo debate que tuvo lugar en la cumbre de Niza entre los representantes de los países miembros, se dio prioridad  al interés nacional en detrimento de una visión realmente europea, pero, siguiendo con la tradición de la Unión y, finalmente, se arribó a un acuerdo.

En lo relativo a la pugna por los votos en el Consejo se acordó una nueva ponderación de votos para los países miembros y para los futuros socios, que entró en vigor el 1° de enero del 2005. El nuevo sistema otorgó 29 votos a los "cuatro grandes", Alemania, Francia, Reino Unido e Italia. España obtuvo 27 votos, igual que Polonia. Los demás países tienen progresivamente, menor número de votos progresivamente menor hasta alcanzar los 3 votos de Malta.

Se establece un sistema complicado de mayorías y minorías que permite bloquear- de tres modos diferentes-  cualquier decisión del Consejo. No se podrá aprobar una propuesta por mayoría cualificada cuando haya una mayoría simple de Estados que se oponga.

  Además se estableció lo que se ha denominado "cláusula de verificación demográfica" esto significa que  para conseguir una mayoría se requiere que los estados que apoyen la propuesta reúnan, al menos, el 62% del total de la población de la Unión. Esta  compleja fórmula tuvo por objeto para dar mayor peso a Alemania de modo que, con el apoyo de otros dos países "grandes", pudiera bloquear cualquier decisión. Los demás "grandes" necesitan del concurso de cuatro países "grandes" para ejercer el bloqueo.

El Parlamento Europeo pasó de tener 626 diputados a tener 732 escaños, de los cuales 99 corresponden a Alemania, 72 a los otros "grandes" y 50 para España y Polonia. Con el número de escaños en el Parlamento intentó  compensar las desigualdades de los votos en el Consejo.

Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y España que tenían dos comisarios, a partir del 2005, han pasado a tener uno. Cuando la Unión se integre con  27 miembros, se deberá que decidir "por unanimidad" el número definitivo de comisarios, que va a ser inferior al número de estados miembros, por lo cual se implementará un sistema de rotación igualitaria,

Se aumentó el número de temas,  esencialmente de carácter técnico, en los que las decisiones se toman por mayoría cualificada. Sin embargo, en aspectos sensibles para diversos países se mantiene el derecho de veto. Es el caso de los asuntos sociales y de cohesión para España, los asuntos de fiscalización para el Reino Unido, el tema de asilo e inmigración en el caso alemán, o las cuestiones de libertad comercial en el terreno cultural y audiovisual para Francia.

  La brecha existente entre la opinión pública y la dinámica institucional hacia una mayor unidad europea se manifestó una vez más  y, en este caso de forma sorpresiva, cuando los irlandeses rechazaron mediante referéndum ratificar el Tratado de Niza en junio del 2001 a pesar de la promoción que, en su apoyo, realizaron todos los partidos políticos importantes, La campaña en contra desarrollada por los Verdes y varios grupos de izquierdas y Organizaciones No Gubernamentales demostró la creciente desconfianza de los ciudadanos europeos por el déficit democrático de la UE.

 En el mismo momento en el que se llegaba al acuerdo político sobre el Tratado de Niza, en diciembre del año 2000 - consciente de las limitaciones del mismo - el Consejo Europeo concluyó un acuerdo sobre la revisión de los Tratados, por medio del cual trataba de continuar el proceso de adaptación de las instituciones a la nueva Unión que surgiría de la ampliación y de hacer que el nuevo tratado surgiera de un amplio debate, en el que participara el mayor número de ciudadanos y agentes sociales.

Así fue que el Consejo Europeo aprobó una Declaración sobre el futuro de la Unión, que se publicó como un anexo al Tratado de Niza. En la misma se indicaban los cuatro grandes temas que debían ser objeto de debate y  reflexión: a) una delimitación de competencias más precisa entre la Unión y los estados miembros, partiendo del principio de subsidiariedad; b) el status que se debía conferir a la Carta de los Derechos Fundamentales proclamada en Niza;  c) la simplificación de los tratados, haciéndolos más claros y comprensibles para la ciudadanía y d) el rol de los parlamentos nacionales en la construcción europea.

1.5           DECLARACION DE LAEKEN – LA CONSTITUCION EUROPEA

El año en que se firma el Tratado de Niza, se produce el ataque terrorista contra el World Trade Center neoyorkino, acontecimiento éste que incide en forma radical en  el escenario internacional.

En principio, Europa en forma unánime y absoluta expresó su solidaridad con EEUU, pero cuando la administración Bush reaccionó al golpe recibido y comenzó a tomar decisiones claramente unilaterales, la aparente unidad europea se disolvió, indicando claramente que la PESC  seguía siendo un proyecto, y dejó al descubierto las marcadas diferencias que, en política exterior, tenían los gobiernos y el escaso peso de la opinión pública en la toma de decisiones políticas.

Sin embargo, tal como el desarrollo histórico lo ha demostrado, los gobiernos  reaccionaron ante la crisis y trataron de encontrar un nuevo hito en el proceso de integración. En diciembre del 2001 el Consejo de la Unión reunido en Laeken adoptó una Declaración sobre el futuro de la Unión Europea, conocida como la Declaración de Laeken, que aprobaba  la redacción de una Constitución de la Unión.

 El proyecto suponía avanzar hacia una UE  más democrática,  transparente,  eficaz y unida. Era la respuesta de los gobiernos intentando un fortalecimiento del proceso en medio del caos.

El mecanismo adoptado para la concreción del texto constitucional se dividió en dos fases. En primer término, de la elaboración del proyecto de Constitución se encargó una Convención Europea, creada al efecto.

La revisión y aprobación del texto quedó a cargo de una Conferencia Intergubernamental  (ICG) que tuvo lugar entre los años 2003 y  2004. 

La Convención comenzó su labor en febrero del 2002,  es decir un mes después que el Euro empezará a circular. Estaba integrada por un centenar de representantes del Parlamento Europeo, los Gobiernos, la Comisión y los Parlamentos nacionales, incluso de los doce estados que se postulaban como nuevos miembros, y estuvo  presidida por el ex presidente francés Giscard D'Estaing.

La Convención concluyó su labor en julio de 2003 y en octubre de ese mismo año comenzó a sesionar la Conferencia Intergubernamental. Aquí se presentó un problema que ya había surgido en las reuniones de la Convención, el gobierno español en primer término y en segundo lugar el polaco, se resistían  a perder la cuota de poder alcanzada en Niza. La nueva propuesta de la Convención, que los gobiernos habían negociado y debatido en extenso, alejaba a España de la influencia de los "grandes": Alemania, Francia, el Reino Unido e Italia.

Esta situación de tensión quedó soslayada con el  ataque del 11 de marzo del 2004. Ante la amenaza común los países europeos reaccionaron limando sus diferencias intentando acelerar el proceso de integración, en este aspecto fue muy importante la victoria socialista, en las elecciones españolas celebradas sólo tres días después de la tragedia madrileña. El nuevo mandatario español, Rodríguez Zapatero mostraba un perfil más proeuropeo, mas predispuesto al diálogo que su antecesor y, por sobre todo, más distante de Washington.

En ese clima, el 16 de abril de 2004 se firmó en Atenas el Tratado de Adhesión de los diez nuevos estados, concretando lo decido en diciembre de 2002, en la Cumbre de Copenhague, cuando los 15 estados miembros  de la Unión habían aceptado convertirse en los 25. Diez nuevos países: Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, la República Checa, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Malta y Chipre se incorporarían a la Unión el 1° de mayo del 2004.

Esta "reunificación europea" fue positiva por un lado pero, por el otro lado, la baja participación de los ciudadanos en las elecciones europeas de junio fue un factor altamente negativo,  todo ello determinó a los políticos europeos a finalizar las continuas negociaciones y arribar el 19 de junio del 2004, a un acuerdo sobre una Constitución para una Europa de 455 millones de habitantes de 25 países. El 30 de octubre, en la misma sala del Capitolio romano donde se firmó el Tratado de Roma en 1957, los líderes europeos firmaron Constitución Europea. A partir de ese momento se iniciaba, una vez más en la historia de la comunidad, el complejo proceso de  ratificación.

Entre los principales aspectos a destacar en  este tratado, que se ha dado en denominar Constitución, se encuentra que una de las razones fundamentales para la redacción de la Constitución era simplificar la comprensión del Tratado de la Unión Europea elaborado en Maastricht en 1992 sobre la base del texto que creaba la Comunidad Económica Europea. Ese tratado, que como hemos señalado, sufrió modificaciones producto de sucesivas cumbres, que afectaron la claridad del articulado. No obstante el propósito el texto de la Constitución,  no ha logrado en este aspecto su propósito.

Una cuestión, que tal vez no parezca trascendente como cambio, pero que permite, desde el ámbito jurídico dar un encuadre mas transparente a la Unión, es que la personalidad jurídica de la CE la asume la UE, y sustituye a aquella en todos sus compromisos y en sus obligaciones. Es decir que no sólo los asuntos económicos serán competencia de las instituciones comunitarias sino también lo referente a la política de Justicia e Interior, con lo que se  que pone punto final a  la distinción entre Unión Europea y Comunidad Europea

El ingreso de los diez nuevos miembros tornaba indispensable la reforma de las instituciones comunitarias para evitar su bloqueo. Con este objetivo se diseñó una nueva regulación del Consejo Europeo, que reúne a los jefes de Estado o de Gobierno. La presidencia de esta institución deja de ser semestral y rotatoria para pasar a incorporar la figura de un presidente de la Unión, que será electo, ocupará el cargo durante dos años y medio, renovable una sola vez. Será investido por mayoría cualificada y ejercerá la representación de la Unión en el exterior

 Se mantiene la política exterior y de seguridad común (PESC)  en el ámbito de la cooperación intergubernamental. No ha pasado integrar las competencias compartidas entre la UE y los Estados miembros y, el Tratado Constitucional, sólo se limita a indicar que los países deberán apoyarla “activamente y sin reservas” por lo que “se abstendrán de toda acción contraria a los intereses de la Unión”. El rol que ejercía quién, coloquialmente, se había dado en llamar Mister PESC[2] se le adjudica a un  Ministro de Asuntos Exteriores, que también se encargará de coordinar la política de defensa.

Aunque los comisarios no representan a su país de origen, los socios europeos han mantenido una dura batalla por el nombramiento del Ejecutivo de la UE. Antes de la ampliación a 25, Francia, Alemania, Reino Unido, Italia y España designaban dos miembros, mientras el resto elegía a uno. Con la nueva legislatura,  hay un comisario por país. Pero el texto Constitucional  reduce drásticamente esa cifra: a partir de la segunda legislatura desde que el texto esté en vigor, el número de integrantes del Ejecutivo será igual a dos tercios del número de Estados miembros. Es decir, si para entonces hubiera 28 países, los 25 de ahora más Bulgaria, Rumania, Croacia y Turquía, actualmente en negociaciones de adhesión, habría 19 comisarios.

La Constitución Europea eleva el número de escaños previsto en el Tratado de Niza: de un máximo de 736 diputados se pasa a 750. Además, se realiza un nuevo reparto que recorta la presencia de los países grandes en la Cámara, Alemania, por ejemplo, pasa de 99 asientos a 96 como compensación a los países que pierden peso en otras instituciones.

El Parlamento Europeo aumenta su poder, conforme el texto constitucional ha de compartir el poder legislativo con el Consejo, puesto que adopta una fórmula de codecisión, es decir, que la aprobación de una norma requiere el voto afirmativo de ambas instituciones.

La toma de decisiones en el Consejo de ministros, se modifica notablemente. Actualmente existe un sistema de ponderación corregido: a cada país le corresponde un número determinado de votos. Para que una decisión se apruebe, actualmente se requiere que además de la cantidad de votos, que diez países hayan votado favorablemente. La Constitución modifica este sistema: las decisiones se tomarán por el 55% de los Estados que representen al menos al 65% de los habitantes además, para bloquear la votación será necesario que cuatro países se opongan. En  determinadas materias, interior, política exterior o política monetaria, que no son actualmente competencia de las instituciones europeas, sino que se debaten en cumbres de jefes de Gobierno donde las decisiones se adoptan por unanimidad, se ha de requerir una mayoría que represente al 72% de los estados y 65% de la población Asimismo la abstención, a diferencia de la situación actual, no se contabilizará como voto negativo respecto al total.

El derecho de veto se mantiene pero limitado, la regla general es que las decisiones en el seno del Consejo de Ministros se tomarán por mayoría cualificada y no por unanimidad, salvo en casos expresamente determinados de política exterior, fiscal y defensa. La desaparición del derecho de veto se revela, efectivamente, como la única fórmula que permitirá la toma de decisiones entre 25 miembros. Entre las cuestiones que pasan a requerir mayoría absoluta figuran: asilo, la inmigración, colaboración judicial y policial, la libre circulación de trabajadores y las cuestiones de política exterior planteadas por el ministro europeo de Asuntos Exteriores.

Una de las grandes diferencias de la Constitución con los Tratados anteriores es la incorporación de una lista de derechos fundamentales de los ciudadanos. Entre ellos, figuran algunos de carácter económico como el derecho al trabajo, a la sindicación, la huelga y la protección por despido. Son los llamados derechos de tercera generación, que recogen las conquistas del Estado del bienestar y que las Constituciones más antiguas de Europa no incluyen.

 No se han incluido  mayores novedades que abunden en la ambición integradora de las economías de la Unión, a pesar de la inevitable división entre la zona euro y los países que no han adoptado la moneda única. Aún así, la Constitución señala que las políticas económicas deben estar coordinadas y basadas en la estabilidad de precios, en unas finanzas públicas saneadas y en el equilibrio de la balanza de pagos. El Consejo tendrá a su cargo supervisar la cuestión y hacer las advertencias y recomendaciones que estime oportunas.

 Existe actualmente una laguna normativa que genera tensiones y rivalidades entre los países miembros, la Comisión, la presidencia de la UE y el Banco Central en lo que se refiere a quién corresponde  y cómo debe ejercerse la representación de la UE ante las instituciones financieras internacionales, sobre todo cuando se trata de asuntos monetarios. La Constitución autoriza al Consejo a tomar “las medidas oportunas para contar con una representación única”. Los doce países que integran la “zona euro” tendrán un representante, elegido por mayoría para un mandato de dos años, aunque sus deberes y atribuciones no han sido aún establecidos.

La entrada en vigencia de este tratado se encuentra demorada. El resultado negativo de los referendums llevados a cabo en Francia y en Holanda, han puesto de manifiesto una realidad que hasta ahora los que tuvieron a su cargo el desarrollo de la integración no se planteaban como obstáculo: la opinión pública. Si bien es cierto que los europeos no reniegan del pasado de la comunidad, que les ha brindado una situación de bienestar impensado hace sesenta años, es evidente pretenden que las decisiones tengan una publicidad mayor, con una mayor participación ciudadana.

Jan-Peter Balhenende, primer ministro holandés, ha dicho que el pronunciamiento del pueblo holandés  fue “... un veredicto sobre el Tratado constitucional, no fue un veredicto contra la cooperación europea” y que “...Europa ha sido en los últimos años demasiado política y no suficientemente de los ciudadanos, por lo que los involucrarán más en la Europa del futuro.”[3]

2                                  2.- LA ECONOMIA Y EL PROCESO DE INTEGRACION

“Considerándolos aisladamente, los problemas de la economía mundial resultan, con una excepción, menos graves. Aún dejándola a su suerte, la economía seguiría creciendo … La principal excepción era el ensanchamiento aparentemente irreversible del abismo entre los países ricos y pobres del mundo, … Una economía mundial que se desarrolla gracias a la generación de crecientes desigualdades está acumulando inevitablemente problemas para  el futuro. “ Eric Hobsbawm  [4]

2.1 LAS ACCIONES BELICAS Y LOS FACTORES ECONOMICOS

   

Como mencionáramos al analizar el desarrollo histórico del proceso de integración europea, el mismo se gesta a partir de un objetivo de recomposición de la industria y el comercio,  con sustento en la  cooperación y solidaridad entre los estados. Tal fue la propuesta de Schuman en su declaración del 9 de mayo tendiente a la concreción de la CECA.

La cooperación económica se imponía como el principal elemento para la integración, dado que los factores económicos habían ido  adquiriendo una  gravitación cada vez mayor en las acciones bélicas.

Contrariamente a la opinión de De Molinari  de que “La historia de las guerras sostenidas entre pueblos civilizados, durante tantos siglos, atestigua que esos costes han crecido progresivamente y que, finalmente, cualquier guerra, entre los miembros de la comunidad civilizada, le cuesta a la nación vencedora más de lo que podría proporcionarle”[5], las guerras del siglo XX significaron, para muchos estados,  crecimiento económico, desarrollo industrial y tecnológico y hasta aumento del empleo. Es por ello que “la guerra continúa siendo una decisión de inversión y de actuación política para el estado y parece que hay un buen número de ejemplos modernos en los que ha constituido una decisión correcta y de éxito”[6]   

  En este sentido  Hobsbawm, en referencia a la Primer Guerra Mundial afirma que “Si uno  de  los  grandes  ministros  o  diplomáticos   de períodos históricos anteriores –aquellos en

quienes los miembros más ambiciosos de los departamentos de asuntos exteriores decían inspirarse todavía, un Talleyrand o un Bismark- se hubiera alzado de su tumba para observar la primera guerra mundial, se hubiera preguntado, con toda seguridad, por qué los estadistas sensatos no habían decidido poner fin a la guerra mediante algún tipo de compromiso antes de que destruyera el mundo de 1914. La razón es que, a diferencia de otras guerras anteriores, impulsadas por motivos limitados y concretos, la primera guerra mundial perseguía objetivos ilimitados. En la era imperialista, se había producido la fusión de la política y la economía. La rivalidad política internacional se establecía en función del crecimiento y la competitividad de la economía, pero el rasgo característico era precisamente que no tenía límites” [7]

   La Segunda Guerra fue un claro ejemplo de la interrelación entre la guerra y  los factores económicos. A medida que se acercaba el final, los futuros vencedores se enfrentaban al hecho de que estaba en sus manos la configuración del mundo económico del futuro.

 En el caso de la Unión Soviética, que al comienzo de la guerra ya era un país debilitado, pudo recuperarse de sus pérdidas a partir de las ganancias territoriales que la guerra le produjo.[8]

En cuanto a las potencias occidentales si bien la guerra había puesto de manifiesto debilidades y deficiencias anteriores a 1939,  aportó también un nuevo sentido de cohesión social  en un objetivo común, que ofrecía la posibilidad  de corregir algunas de las divisiones prebélicas.

 “Esta posibilidad parecía más alcanzable gracias a la nueva prosperidad que la guerra llevó a algunos Estados. El resultado militar y económico de la guerra dejó un país, Estados Unidos, en una situación contundentemente dominante, y se hizo inevitable que su política económica se convirtiese en el factor primordial en la configuración de la economía internacional de posguerra. Que esto sería así ya lo habían comprendido los más perspicaces miembros de la organización Roosevelt en fecha tan temprana como 1941. Al expandirse vigorosamente la economía industrial estadounidense, para hacer frente a la demanda  de rearme nacional, el problema económico de Estado Unidos cambió por completo. La cuestión ya no era cómo distribuir un inadecuado nivel de renta y empleo mediante una cautelosa regulación de la producción, sino más bien cómo sostener la economía después de la guerra a los nuevos niveles de producción y renta que había logrado alcanzar.”[9]

Para ello, era necesario que existiesen mercados con capacidad de adquirir un nivel de exportaciones provenientes de  EEUU similar al que tuvo lugar durante la guerra, que pudo hacerse por la financiación de préstamo y arriendo que recibieron los estados europeos.

Gran Bretaña estaba debilitada y fue una oportunidad para que el gobierno estadounidense pudiera negociar con vistas a esta nueva perspectiva económica. En las discusiones entre Rooselvelt y Churchill, que concluyeron en lo que se conoció como la Carta Atlántica, el gobierno estadounidense presionó para eliminar las preferencias arancelarias y de cuotas que Gran Bretaña concedía a los países de la Commonwealth, por los acuerdos de Ottawa.

Por otra parte EEUU pretendía  se estableciera un sistema de comercio multilateral,  que le permitiría mantener las ganancias económicas que había traído la guerra.

Podrá argumentarse, que frente a los réditos económicos que parecen acompañar  los conflictos bélicos, debería establecerse el cálculo de las pérdidas causadas por la guerra a las diversas economías nacionales en concepto de lucro cesante, consecuencia de inversiones pospuestas o no realizadas, lo que significa imaginar el posible comportamiento de la economía en el supuesto de no haberse producido la guerra. Nada más erróneo puesto que la guerra es “… una de las fuerzas que cambian los criterios con que se adoptan las decisiones de inversión”[10]

Sin embargo, es de destacar que en 1938 la producción industrial en Italia y Francia era inferior a la de 1929. En la mayoría, si no en todos, de los países contendientes el porcentaje de reposición del capital fijo fue ciertamente mayor durante el período de la guerra que en la década precedente. 

El nivel de inversión en industrias de bienes de capital en Alemania y durante la guerra, fue elevado y el perjuicio sufrido, en el mismo lapso, fue de hecho insignificante en comparación al crecimiento de la capacidad productiva, al final de la guerra el inventario de máquinas y herramientas era más amplio que al principio.

Como consecuencia de la menor  posibilidad por parte de los estados europeos de adquirir bienes en el comercio mundial, los mismos se enfrentaron a necesidad ineludible de realizar inversión de capital en las áreas de producción de fibras, combustible y caucho sintéticos; fabricación de aluminio y otras industrias no tradicionales.

La mayor destrucción que produjo la guerra fue a la vivienda, el transporte, la marina mercante y la tierra.  No obstante, en la mayor parte de los países que, al final de la guerra, no estaban en altos niveles de producción y empleo la recuperación, para alcanzar esos niveles, fue muy rápida desde 1945, excepto en la Europa del Este, principalmente debido a problemas económicos internacionales mas que a los creados internamente por la guerra.

 La URSS no podía participar del proyecto norteamericano de comercio mundial y permaneció como una economía aislada, cuyo comercio internacional desempeñó un papel muy restringido, y continuó con sus políticas económicas internas prebélicas.

Desde el aspecto económico, no fue el coste de la guerra sino fueron los efectos redistributivos lo que hizo que los problemas de reconstrucción de la economía de posguerra fuesen tan difíciles de resolver, a pesar de la recuperación de la producción en las economías nacionales por separado.

Las principales dificultades para afrontar la reconstrucción de un sistema de comercio y de pagos multilaterales, se relacionaron con los cambios económicos ocasionados por la guerra.

En primer lugar, estos cambios se reflejaron en bruscos desplazamientos del poder militar y diplomático, pero como observaba Hobsbawm la íntima relación que se había producido entre política y economía,  hicieron que el acuerdo político entre los vencedores - la primera base para cualquier solución duradera - fuese más difícil de lograr.

En segundo lugar, las aspiraciones populares habían cambiado y supusieron en Europa, la adopción de políticas económicas nacionales de posguerra que dificultaron la operatividad de un sistema multilateral de pago.

En tercer lugar, y lo más importante, la guerra ocasionó alteraciones estructurales, en la pauta del comercio mundial y de los pagos. Produjo desplazamientos en la dirección del comercio internacional y alteraciones en las pautas de las inversiones extranjeras y los ingresos, que resultaron ser cambios a largo plazo, fue en este aspecto  donde las consecuencias de la guerra fueron mas serias.

2.2. LA ECONOMIA POSGUERRA

EEUU salió fortalecido de la guerra[11]. Durante  la misma reorientó su economía hacia la industria bélica. La productividad se incrementó desde 1938 a 1948 en un 20%, a pesar de que en el frente había 12 millones de hombres. Ese incremento fue posible porque se realizó una notable inversión y se ocupó a casi 10 millones de desempleados, se incorporó a la mujer en el área de producción y se ampliaron la edad laboral  y el horario de trabajo.

Finalizada la guerra tanto, el legislativo cuanto el ejecutivo estadounidenses, se volcaron -en un primer momento- a una campaña de  desregularización de la economía en general, esto desembocó en una vertiginosa inflación. Los salarios quedaron muy rezagados, ya que durante la guerra los asalariados y los sindicatos habían desistido de solicitar incrementos salariales a pesar del aumento de la jornada laboral. Esta situación generó 4.700 huelgas en el año 1946.[12]

La opinión pública hizo responsable a los sindicatos y a los obreros de la inflación. Paralelamente crecía el prestigio de los empresarios. En este ambiente el Congreso sancionó la Labor-Management Act de1947, por medio de la cual recortaba poder a los sindicatos. El empresariado se fortaleció y recibió apoyo para expandir se supremacía industrial en el mundo.

Consecuencia de una adecuada planificación estatal la economía rápidamente se adaptó a la nueva realidad de producir para la paz. Se crearon programas de formación profesional dirigidos al anterior personal militar. El estado organizó la exportación de bienes y servicios. El pleno empleo aumentó el consumo privado. Hubo importantes inversiones en equipos e instalaciones.

Mientras tanto en Europa la inflación entorpecía la reconstrucción y los aliados debían devolver a EEUU los inmensos préstamos que obtuvieron mediante el Acuerdo de Préstamo y Arriendo. También debían saldar las deudas de guerra con las colonias, dominios o terceros países. Para reconstruir su economía y pagar las deudas de guerra producto del suministro de bienes, debían importar materias primas. La situación era muy complicada, la cosecha de1947 fue muy mala y Europa debió importar trigo de EEUU y restringir la importación de otros bienes. Por ende, el proceso de reconstrucción se paralizó.

Simultáneamente había estallado la guerra fría y a EEUU se le hizo necesario contar con una Europa económicamente fuerte, que pudiera frenar el expansionismo soviético.

Es en este escenario que surge el Plan Marshall. Este programa que impulsaría la reconstrucción europea, contenía medidas específicas para estimular la importación de productos estadounidenses a Europa.

Este plan reactivó la economía europea y financió indirectamente la expansión del comercio mundial.

 

2.2. EL NUEVO ESCENARIO ECONOMICO MUNDIAL

            Las diversas dificultades señaladas, tales como la inflación norteamericana, las huelgas, la mala cosecha europea en 1947,  los altos costos de materias primas por la guerra de Corea, hicieron perder la esperanza de la rápida recuperación europea mediante el Plan Marshall. No obstante estas dificultades, entre 1947/1949 el resultado del Plan Marshall se hizo visible en la renovación de la infraestructura y en la producción industrial.

De 1949 a 1951, la atención se centró en el refuerzo de la cooperación intereuropea, desde la OECE se adoptaron importantes medidas para la liberación de los intercambios comerciales europeos. Pero como en esta organización las decisiones se tomaban por unanimidad no fue posible realizar la liberación total de los bienes, quedando justamente afectados los más sensibles. La OECE simplificó enseguida el sistema de pagos europeos y ya en 1950 se creó la  Unión Europea de Pagos(UEP), que organizó el sistema monetario de los países europeos.

En EEUU se debatió ampliamente la necesidad de prolongar la ayuda del Plan Marshall hasta mediados de la década de los ’50. EEUU necesitaba una Europa fuerte y políticamente unida para hacer frente a la URSS. Lo que implicaba aceptar la discriminación europea de sus productos y del dólar, discriminación que, por otra parte, había aceptado en el seno del GATT, pero en definitiva todos estos instrumentos de aplicación temporal intentaban que Europa se convirtiera en un socio en igualdad de condiciones, y cuando esto se lograra la ayuda cesaría y la economía mundial sería de índole liberal.

En ese contexto, en plena guerra fría,  en un mundo dividido en dos bloques donde el bloque oriental, no aceptaba incorporarse a un orden mundial liberal bajo el liderazgo norteamericano, la concepción de una economía de mercado libre universal se limitó en su aplicación al mundo occidental. Por su parte la Pax Americana se limitó al espacio atlántico.[13] El orden económico internacional liberal se limitaría a ese ámbito. EEUU defendió en el seno de las organizaciones internacionales, como el GATT, la OECE y el FMI, la supresión gradual de todos los obstáculos al comercio y el restablecimiento del patrón oro, basado en tipos de cambio fijos y en monedas convertibles. Australia y Nueva Zelandia se sumaron pronto a este bloque económico liberal. Más tarde les siguió Japón, EEUU comenzó desde 1949 relaciones más estrechas con el gobierno nipón, eliminó el régimen de ocupación en Japón y firmó un tratado de paz por separado y una alianza militar, como también ayuda similar a la ofrecida a Europa, a fin de acelerar su reconstrucción económica, apoyo que se incrementó con ocasión de la guerra de Corea.

El bloque económico liberal recibió la adhesión de países de Asia oriental, casi todos los países del Tercer Mundo, de Latinoamérica, de África y del Cercano Oriente. El núcleo atlántico se amplió a un espacio económico liberal de dimensiones mundiales, sin embargo, su centro de gravedad seguía estando a ambas orillas del Atlántico.[14]

2.3. LA CUESTION EN EUROPA  - NACIMIENTO DE LAS EMPRESAS MULTINACIONALES

Como ya fuera analizado en la primer parte de este trabajo, Europa desde los albores de la posguerra, comenzó un proceso de integración, que aún continúa, con  permanentes modificaciones e incorporación de nuevas instituciones que pretenden que la Unión se adapte a las circunstancias, conforme las fluctuaciones de las cambiantes necesidades político-económicas internas y externas.

EEUU, su principal aliado y protector, se había lanzado al finalizar la guerra a edificar una economía mundial basada en principios liberales, no obstante en la evolución efectiva del comercio exterior estadounidense la política implementada fue considerablemente mucho menos liberal en ese país y en el continente europeo en general.

En Europa, durante los 50 y los 60 los estados, inspirados en principios keynesianos, construyeron una política mixta que estimulaba un crecimiento muy dinámico. Esta economía se orientaba a fomentar el crecimiento, basada en la interrelación de la actividad económica del estado, de los sindicatos y del sector privado.

La injerencia de los estados en la economía fue muy pronunciada. Buscaron en primer lugar lograr el pleno empleo e implementar un sistema de seguridad social, mediante una política fiscal anticíclica, que permitía al Estado estimular o contraer la demanda,  se intentó fomentar la distribución y la nivelación de las rentas.  

Los estados pusieron gran énfasis en la educación a efectos de mejorar la calidad del trabajo. Se incentivó la investigación, para lo cual, entre otros, se subvencionaron laboratorios de investigación y desarrollo de grandes empresas.

Hubo una buena interrelación entre los empresarios y los sindicatos, con una estrategia común de crecimiento, esto posibilitó las inversiones, que se dirigieron a la industria automovilística, la construcción de viviendas, la industria petroquímica y la electrónica. También se hicieron grandes inversiones en el sector de los servicios. Y se buscó generar nuevas regiones industriales dentro de las fronteras de los estados. El estado interesado en el pleno empleo, apoyaba esta estrategia de desarrollo regional, incluso a través de subvenciones directas e indirectas.

Sobre la base del consenso general acerca del crecimiento económico, los empresarios encontraron apoyo, en los gobiernos y en los sindicatos, para extender las inversiones también al extranjero. Los progresos operados en el terreno de la organización y de la gerencia (managerial revolution) contribuyeron al surgimiento del tipo de empresa multinacional.[15]

 Los países del Tercer Mundo, fueron un lugar elegido por estas empresas para instalar sus industrias fundamentalmente en el área de las materias primas, producción de alimentos y energía, para todo lo cual existía un gigantesco mercado en el mundo occidental.

Aunque la demanda de alimentos y materias primas aumentó notablemente, contrariamente a lo que debería haber sucedido, no subió el precio de los mismos, quedando muy por debajo de los precios de los productos industriales. Esto generó una relación de intercambio absolutamente favorable para los países industrializados, donde el aumento de la población y del estado de bienestar no generaba tensiones por los alimentos y las materias primas, permitiéndole crecer en otras actividades.

Si bien, en los países del Tercer Mundo, estas empresas multinacionales realizaron inversiones y generaron fuentes de trabajo y, con ello, un relativo aumento del estado de bienestar, lo real es que el bienestar de los países europeos creció en gran parte a costa de los países en vías de desarrollo.

Además en los países del Tercer Mundo, donde las inversiones industriales se insertaron de manera abrupta,  el estado asumió - desde una temprana etapa del desarrollo económico - la construcción de las infraestructuras de medios de transporte y comunicación, de educación y salud, y de otros bienes de carácter público, lo que generó por un lado el aumentó del gasto público y por el otro facilitó enormemente la instalación de regímenes autoritarios.

En estos países algunos sectores de la población continuaban retrasados y otros se desarrollaban provocando que, entre los últimos, en la mayoría de los casos los salarios aumentaran significativamente. “El abismo entre lo viejo y lo nuevo, empero era demasiado profundo y el desequilibrio del crecimiento demasiado grande como para que los mecanismos de recuperación que habrían de elevar los sectores atrasados al nivel de desarrollo de los sectores modernos pudiesen ser de alguna eficacia.” [16]

La CEE fue, desde el punto de vista comercial, un gran éxito. La unificación de los mercados fue de importante gravitación en cuanto a la  expansión comercial y en la creación del comercio. Pero, en todo esto, confluyeron una serie de factores que tuvieron lugar aún antes de que comenzara el proceso de integración. Los países con el apoyo de EEUU habían logrado una recuperación interna, este desarrollo  creó competencia, y condujo a una especialización y complementariedad. Todo ello fomentó una mejor división internacional del trabajo. Favoreció la productividad y creó procesos de producción en escala. En este clima se acrecentó la demanda y por ende las inversiones, aún de países no europeos. Se crearon nuevas formas de cooperación y aparecieron nuevos servicios a brindar y se desarrolló el mercado europeo de dinero y de capitales.[17]

El desarrollo económico de los países europeos se debió a que la posguerra generó un crecimiento del comercio mundial y  la exportación de la producción europea a los países del Tercer Mundo contó con el apoyo que le brindó EEUU, y también capitales privados norteamericanos.

Como expresáramos precedentemente, en el intercambio comercial internacional  EEUU propiciaba, ya desde 1941, una política liberal que, sin embargo, no aplicaba como política interna. Tanto EEUU cuanto los estado europeos, mientras pretendían que los demás estados se enrolaran en la línea liberal por ellos propuesta, internamente adoptaron medidas  proteccionistas de la producción y del agro, mediante subvenciones y barreras arancelarias y no arancelarias.

 En la CEE se tomaron medidas que protegieron el comercio, pero que también desviaron flujos comerciales hacia la agricultura. La PAC fue un fracaso, porque condujo a una  acumulación excesiva de existencias, que debían colocarse en terceros estados a precios de pérdida, esta política sólo dio beneficio a grandes productores y en perjuicio de la economía en general y de las  pequeñas granjas en especial.

Esta política de proteccionismo de la CEE, perjudicó enormemente a los países del Tercer Mundo, a ello se adicionaban dos cuestiones - tanto o más serias - en detrimento de los países en vías de desarrollo. Por un lado,  la injerencia en la economía de esos estados ejercida a través de las empresas multinacionales, que regularon los precios en beneficio de los países importadores. Por otro lado, todo el sistema de preferencias arancelarias, adoptado en los tratados europeos, beneficiando algunos países y discriminando a otros. 

III.- LA BRECHA ENTRE RICOS Y POBRES ¿UN CAMINO HACIA LA PAZ? 

Dicha producción se ofrecerá a todo el mundo sin distinción ni exclusión, para contribuir al aumento del nivel de vida y al progreso de las obras de paz. Europa podrá, con mayores medios, proseguir la realización de una de sus tareas esenciales: el desarrollo del continente africano.”Robert Schuman[18]

“I’ll tell you what happened when the white man first came to Africa,” Mapetla began. “First, he says, “Do you mind if I pass through here?” “Hell, no man, ”we say. “This land belongs to God” Then he comes back. “Do you mind if I bring my wife and children?” “Of course not,” we say. “There’s lots of land. We’re just going to hunt over the hills for a couple days.” Then the white man finds a place he likes and builds a fence around it .”I’m going to have a farm here,” he says. “OK,” we say. “We’ll just move round you, friend.” Then the white man moves his fences outwards and says, “Look, when you go by you disturb my cattle. Don’t come this way.” We move off. But then the white man gets his gun and says, “Listen, we can’t have people moving about all over the place like this. You must have a pass, so we know who is coming and going”. John Briley[19]

3.1 LOS PAISES ASOCIADOS

Mientras que la economía de EEUU se benefició enormemente a consecuencia de la guerra y Europa, por las razones que ya expusiéramos también logró una recuperación, en primer lugar, y después un crecimiento y desarrollo quizá impensado, la experiencia de la guerra en los países subdesarrollados fue diametralmente opuesta.

En efecto, mientras que los estados en guerra lograron encaminar la economía de guerra hacia la industrialización sobre todo en la producción de elementos de alta tecnología, en los países subdesarrollados el incremento industrial se dio en áreas muy determinadas, en particular la textil, cemento y alimentos procesados. Todo ello a fin de proveer a las necesidades de los países involucrados en la actividad bélica. Es decir que  la guerra sólo permitió, a los países en vías de  desarrollo, un crecimiento relativo y rudimentario en industrias que requieren de poca inversión y tecnología y sólo proporcionó una mayor demanda y una protección transitoria.

Pero de lo que no cabe dudas, es que el efecto de la guerra fue ampliar la brecha entre los países desarrollados y los subdesarrollados, y también una influencia psicológica y política, cual fue estimular el deseo de desarrollo económico más que el desarrollo mismo.[20] 

En la posguerra, en Europa creció la demanda de alimentos y materias primas, además acrecentada por la gran sequía de 1947. La importación de estos productos desde territorios de ultramar había variado en forma sustancial respecto de la época precedente, también Europa del este, un área importante del abastecimiento alimenticio europeo fue restringida o casi eliminada, a consecuencia de divisiones políticas y planes de desarrollo económico nacional

La fundación del mercado común europeo del carbón y del acero, además de posibilitar reestructurar la economía de posguerra a través del desarrollo de la industria pesada, fue un comienzo para aliviar a Europa de la dependencia de materias primas y alimentos. En efecto, el Tercer Mundo iba a ser un interesante mercado de la industria pesada europea, pues  al ser su  economía más complementaria que la estadounidense y la soviética iba a poder competir en mejores condiciones,  puesto que el Tercer Mundo  habría de financiar  las importaciones provenientes de Europa con sus propias exportaciones.

Esta posibilidad, respecto de la relación a crearse entre los países del Tercer Mundo y los países europeos, que  en la declaración Schuman, es esbozada casi como una asignatura pendiente por parte de Europa de contribuir al desarrollo de los pueblos africanos, toma forma más concreta en el Tratado de Roma.  En este instrumento se preveía la posibilidad de acuerdo de asociación entre la CEE y terceros países. Así fue como las colonias francesas, belgas y holandesas se convirtieron en miembros asociados e ingresaron al sistema de zona interna de libre comercio y del arancel externo común.

Estos países pasaron de esto modo a proveer a los países europeos de bienes   producidos fuera de la comunidad en condiciones privilegiadas. A su vez, por el principio de la reciprocidad, estos países otorgaban condiciones privilegiadas para el ingreso de los bienes producidos en la CEE, en especial productos industriales.

Los diecinueve países asociados africanos que alcanzaron la independencia política entre 1958 y 1962, quisieron –a excepción de Guinea- continuar asociados a la CEE. Se realizaron convenios para esa asociación que debían ser revisados cada cinco años, a efectos de adaptarlos a los cambios.

 Las adaptaciones se realizaron en las conferencias de Jaundé de 1963 y 1970. En las mismas hubo discrepancias entre los estados europeos, algunos como Alemania y Holanda sostenían que debían ser suprimidas las preferencias en forma progresiva a fin de adaptarlas a las normas del comercio internacional mundial, mientras que Francia y Bélgica querían mantenerlas.

Estos convenios de asociación, necesariamente, debieron ser modificados con el ingreso de Gran Bretaña a la CEE, quedando regulados con carácter general con la Convención de Lomé de 1976.

3.2 LOS CONVENIOS DE LOMÉ – EL ACUERDO DE COTONÚ

Los convenios de Lomé han sido, durante veinticino años el principal instrumento jurídico de relación comercial entre la Unión Europea y  los países más pobres del planeta: los Estados de África, el Caribe y el Pacífico (ACP), este sistema que se dio en llamar “de cooperación” cosechó más fracasos que triunfos en el logro de sus objetivos de desarrollo de los países del tercer mundo.

 

En consecuencia, surgió la necesidad de alcanzar un nuevo acuerdo que marcase una profunda renovación en las relaciones de cooperación entre la UE y los países ACP en todos los ámbitos. Así que, desde el inicio de las negociaciones, que empezaron el 30 de septiembre de 1998, existió una firme decisión por evitar la denominación de Convenio de Lomé V.

 Como resultado del largo proceso de negociación, se firmó en Cotonú (Benin) el 23 de junio del 2000, el Acuerdo de Asociación entre 77 Estados ACP, por una parte, y la Comunidad  Europea (CE) y sus 15 Estados miembros, por otra. De ahí que se denomine comúnmente a la nueva Convención como "Acuerdo de Cotonú".

             El acuerdo tiene prevista una duración de veinte años a partir del 1 de marzo del 2000, con la posibilidad de ser revisado cada período quinquenal, que coincide con el período de cada protocolo financiero.

                 

            Los propósitos de cooperación al desarrollo expresados en el acuerdo son muy  ambiciosos, ya que pretende actuar en todas las esferas que afectan al progreso de la sociedad de forma complementaria y compatible con la recepción de ayuda de otros instrumentos como seguridad alimentaria o ayuda de emergencia.

 

 Este nuevo acuerdo,  privilegia el sector privado y su papel en el desarrollo ha de ser "recíproco" a partir del año 2008. Lo cual implica que los países ACP van a tener que renunciar a los arreglos comerciales preferentes con Europa para respetar las reglas del juego de la OMC. La UE piensa que esto va a facilitar la integración de los países ACP en la economía mundial.

En las dos últimas rondas de negociaciones se han visto obstaculizadas por cuestiones de orden político como el buen gobierno o la extensión de la política europea de inmigración a los súbditos de los países ACP.

Como contrapartida de la libre circulación de mercancías, de capitales y servicios provenientes de la UE, los países ACP pretendían la libre circulación de las personas, lo que fue rechazado y han tenido que aceptar la repatriación de los súbditos nacionales inmigrados ilegalmente en Europa.

En el acuerdo de Cotoñú se incluye entre los "elementos esenciales" cuestiones políticas que implican que los países deberán tener un gobierno democrático, respeto de los derechos humanos y el estado de derecho. La UE quería añadir también el "buen gobierno" con el fin de luchar contra la corrupción;  los países ACP se han opuesto a esta cláusula. Se ha llegado, sin embargo, a un acuerdo para incluir el "buen gobierno" como elemento fundamental del Acuerdo, que puede llegar hasta suspender la cooperación de no ser respetado, limitándolo a los casos de grave corrupción.

El nuevo acuerdo de asociación unifica las estrategias de desarrollo y de comercio en tres pilares interdependientes: el político, las estrategias de desarrollo y la cooperación económica y comercial.

Aunque este nuevo acuerdo pretenda diferenciarse de los anteriores, para no repetir el fracaso, todo lo que lo rodea hace pensar que son nada mas que palabra huecas, puesto que la cooperación financiera que brindó la UE, en el período 2000-2005 fue de 13.500 millones de euros, lo cual representa un 3% menos, en términos reales, que las sumas otorgadas los cinco años precedentes. Las nuevas condiciones fijadas para la cooperación financiera, establecen pautas que frenarán la asistencia, como por ejemplo que  los recursos se concederán no sólo en función de las necesidades de los países sino también sobre la base de sus realizaciones y logros. Esto puede ser muy loable, pero lo cierto es que los logros no les resultan fáciles a los estados en desarrollo debido, justamente, a las políticas comerciales de que aplica la UE.

El problema que enfrentan los países en desarrollo es que los países industrializados han transferido su apoyo hacia áreas de subsidio escasamente cubiertas por las normas de la OMC, las mismas normas que fueron diseñadas bajo la fuerte influencia de la Unión Europea y los Estados Unidos, con la introducción de tres categorías de subsidios: caja ámbar, caja azul y caja verde, que permiten a los estados subvencionar el comercio de forma de favorecer exportaciones, lo que repercute negativamente en los estados en vías de desarrollo, pero se encuentra dentro de un aparente marco de legalidad.[21]

En el acuerdo existe un "período preparatorio" del 2002 al 2008, en el cual el acceso a los mercados se mantiene conforme al último Convenio de Lomé, con lo que habría preferencias que estarían fuera del marco de la OMC, por lo que se ha solicitado una moratoria de excepción. Durante ese período, la UE ha comprometido su apoyo, a los países ACP, a las iniciativas de integración regional preparatorias para los nuevos cambios comerciales y se prevé que nuevos arreglos compatibles con la OMC van a ser negociados y firmados entre la UE y los Estados ACP, de aquí al 2008, a más tardar. Esto, dado lo ya manifestado respecto de la influencia de la UE en la OMC, no es una garantía de beneficio hacia los países asociados por el acuerdo de Cotoñú.

 Además, este acuerdo tiene un punto muy controvertido en el artículo 46, considerado como una "patente de piratería biológica". Los países ACP son la cuna de la bio-diversidad mundial y poseen recursos genéticos primordiales, es por ello que piden en el seno de la OMC que se elimine la patente de seres vivos del Acuerdo sobre la propiedad intelectual (TRIP), sin embargo, la UE con las disposiciones del artículo 46 va más lejos que la OMC al intentar obtener rédito de la bio-diversidad de los países ACP, en beneficio propio.

Salvo que desde la UE, exista una actitud política responsable y ética, coherente con el discurso que acompaña al acuerdo, este no significará para los estados asociados un avance respecto de los que fueron sus antecesores de Lomé  y la cooperación será en un solo sentido, cabría recordar que Jean Monnet entendía que la Europa unida tenía el papel de aportar su potencial a un orden más justo en el mundo. Las responsabilidades que las antiguas potencias coloniales debían ejercer en provecho de las naciones más pobres, deberían estar en concordancia con los imperativos morales que debía fijarse para corregir los errores del pasado. [22]

La historia y las estadísticas han demostrado que Europa, hasta el presente, no ha asumido ese imperativo moral. La asignatura de proveer al desarrollo de los países africanos inserta en la declaración Schuman sigue pendiente.

  IV. CONCLUSIONES

“La creencia, de acuerdo con la economía neoclásica, de que el comercio internacional sin limitaciones permitiría que los países pobres se acercaran a los ricos va contra la experiencia histórica y contra el sentido común. Una economía mundial que se desarrolla gracias a la generación de crecientes desigualdades está acumulando inevitables problemas para el futuro.” Eric. Hobsbawm[23]

            Las aspiraciones, nacionales como internacionales, de las potencias al final de la guerra se concretaron en cuanto a desarrollo, empleo, estado de bienestar para los países de Europa y  para EEUU, algunas otras economías también consiguieron estándares similares. No obstante, en el mundo en general la brecha entre ricos y pobres se acentuó y el abismo continúa creciendo.

            Lamentablemente el fin de la segunda guerra no significó el fin de los conflictos armados en el mundo, durante todo el tiempo transcurrido desde 1945 conflictos de baja intensidad y ciertas guerras de importancia han seguido castigando a la humanidad. Conflictos que han tenido como resultado más víctimas que todas las que causó la Segunda Guerra.

La guerra fría llenó al mundo de armas, consecuencia de los cuarenta años de competencia entre los estados industrializados y enfrentados, con el fin de estar preparados para una guerra que tendría lugar en cualquier momento. Armas que fueron distribuidas por doquier en el afán de ganarse adeptos. La gran cantidad de gobiernos militares que proliferaron en el mundo, como un fenómeno sin precedentes, también proporcionó un mercado productivo a las economías que desarrollaron una gran industria de armamentos. Las armas se vendieron tanto a gobiernos cuanto a guerrilleros y terroristas. El mundo fue convertido en un gran arsenal.   

Y “ … a lo largo de todo el mundo el número de pobres, hambrientos y oprimidos ha seguido siendo muy alto. La derrota de una sociedad tan cruel que coloreó los últimos años del cataclismo de guerra con brillantes tonos de idealismo social y económico. No sobrevivirían durante mucho tiempo en la denominada paz.”[24]

Tanto el EEUU cuanto la UE, han sufrido en su propio territorio, en este nuevo milenio las consecuencias de la distribución y proliferación indiscriminada de armas, pero mas que la causa es la consecuencia de haber avanzado hacia el crecimiento sin tomar en cuenta la cooperación y en especial la distribución social.

Esto falta de cooperación se acrecienta cada vez más, según el Informe sobre Desarrollo Humano 2005 de la PNUD, el ingreso total de los 500 individuos más ricos del mundo es superior al ingreso de los 416 millones mas pobres, el 40% de la población mundial, es decir 2.500 millones de personas vive con menos de un dólar por día,[25] las barreras comerciales más altas del mundo se alzan contra algunos de los países más pobres: en promedio, las barreras comerciales que enfrentan los países en desarrollo que exportan hacia los países ricos son tres veces mayores que aquellas que enfrentan los países ricos en sus relaciones recíprocas: esta graduación perversas en la política comercial se extiende también a otras áreas. Por ejemplo la Unión Europea concede mucha importancia a su compromiso de abrir los mercados a los países pobres del mundo, sin embargo, las normas de denominación de origen que aplica, y que determinan si un país cumple los requisitos para optar a un trato preferencial en el origen, reducen al mínimo las oportunidades de muchos de estos países.[26]

           La globalización aparentemente ha reducido los espacios, permite una gran interconexión, la tecnología y las inversiones crean una red de interdependencia, que parecía acercan a los individuos y a la naciones, no obstante la brecha entre pobres y ricos es cada vez mayor. En las actuales circunstancias, deviene imperativo que los gobiernos tomen conciencia que la mayor batalla que deben librar en pos de la paz mundial es lograr el desarrollo de los países pobres, de lo contrario en un mundo donde proliferan las armas y con la mayoría de su población hambrienta las guerras y la inseguridad crecerán.

BIBLIOGRAFÍA

-          HOBSBAWM, Eric, “Historia del Siglo XX- 1914-1991”, Ed. Crítica, Barcelona, 1995

-           WILWARD, Alan S. “La Segunda Guerra Mundial, 1939-1945”, Ed.Folio S.A., Folio S.A., Barcelona, 1997.

-          Van der WEE, Herman; “Prosperidad y Crisis. Reconstrucción, crecimiento y cambio”. Ed. Folio, Barcelona, 1997.

-          BRILEY, John, “Cry Freedom”, Oxford University Press, Unigraf s.l., España 2001.

-          FONTAINE, Pascal Documentación Europea, “Jean Monnet, un gran proyecto para Europa”, Oficina de Publicaciones Oficiales de las Comunidades Europeas, Luxemburgo, 1988

-          PNUD, Informe sobre Desarrollo Humano 2005, Resumen.

Sitios de internet consultados

-          www.historiasiglo20.org/europa/

-          www.elmundo.es



1HOBSBAWM, Eric; “Historia del Siglo XX –1914-1991”; Ed. Crítica, Barcelona,1995, pág. 576.

[2] LUIS-ORUETA, Fernando de, publicación Diario EL PAIS, España, 29 de octubre de 2004.

[3] www.elmundo.es, 2/06/2005

[4] HOBSBAWM, Eric, op.cit., pág.563

[5] M.G.de Molinari,Comment se résoudra la question socilaes, Guillaumin, 1896, pág.126, citado por WILWARD, Alan S. “La Segunda Guerra Mundial, 1939-1945”, Ed.Folio S.A., Barcelona, 1997, pág.13

[6] WILWARD, Alan S., op.cit.,pág.13

[7] HOBSBAWM, Eric, op.cit. pág. 37 y sgtes.

[8] MILWARD, Alan S., op.cit., pág.383

[9] Ibidem

[10] MILWARD, Alan S., op.cit. T II pág. 386

[11] H. U. FAULKNER, American Economy History, Harper & Row, N.York 1960, pág.696-725, cit por van der WEE, Herman, Prosperidad y Crisis, Reconstrucción, crecimiento y cambio, Ed. Folio, Barcelona, 1997, pág.20

[12] van der WEE, Herman, op.cit., pág. 30

[13] B. Semmel, The Riza of the Free Trade Imperialism, Cambrigde University Press, 1970, citado por van der WEE, Herman, op. cit. T II, pág. 420

[14] van der WEE, Herman,op.cit.418-421.

[15] van der WEE, op.cit. T I pág.54

[16] von der WEE, Herman, op.cit. T I, pág. 59

[17] von der WEE, Herman, op.cit. T II, pág. 443

[18] Declaración Schuman del 9 de mayo de 1950.

[19] BRILEY, John; Cry Freedom, Oxford University Press, Unigraf s.l., España 2001,pág. 19

[20] MILWARD, Alan S., op.cit., TII, pág.413

[21] PNUD, Informe sobre desarrollo humano 2005, Resumen, pág.35

[22] FONTAINE, Pascal Documentación Europea, “Jean Monnet, un gran proyecto para Europa”, Oficina de Publicaciones Oficiales de las Comunidades Europeas, Luxemburgo, 1988, pág. 35

[23] HOBSBAWM, Eric, op.cit. pág.563.

[24] WILWARD, Alan S.; op.cit., TII pág.424.

[25] PNUD, Informe citado, pág.18

[26] Idem,. pág.33